Óleos, grabados, acuarelas y dibujos de Edward Hopper en el Museo Thyssen

Es la más amplia y ambiciosa selección de obras del artista norteamericano nunca antes mostrada en Europa 

Madrid , 13/06/12

“¡Por fin Hopper!”. Con esta exclamación abrió Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, la rueda de prensa convocada para dar a conocer esta exposición. “Es la primera oportunidad de encontrarnos en España con este pintor” (salvo la organizada por la Fundación March en 1989). Esta muestra de ahora se considera como la más amplia y ambiciosa selección de obras de este artista norteamericano nunca antes mostrada en Europa. Y es difícil, muy difícil, que se haga otra igual en los próximos diez años. Tras su clausura en Madrid viajará a París.

La muestra reúne 70 piezas entre óleos, grabados, acuarelas y dibujos llegados de los museos más importantes de los Estados Unidos y de colecciones privadas. Especial mención merecen las 14 obras cedidas por el Whitney Museum de Nueva York del legado de Josephiner Hopper, esposa del pintor. Una de las metas que se persigue con esta muestra es dar a conocer, de un modo más completo o tal vez distinto, a este pintor a quien siempre se le presenta como una figura solitaria. Y no lo es, a juicio de Tomàs Llorens, comisario de la exposición. “No está vinculado a un movimiento como suele suceder con otros artistas sino a historias varias. Su manera de reflejar la vida de su país está relacionado con Europa; también con la literatura y la poesía francesa o el cine alemán y norteamericano de los años '20”.

 La exposición se abre con su bien conocido Autorretrato (1925-1930) y concluye con lo que los organizadores llaman una Sorpresa. Y lo es: toda una sala convertida en un plató de cine en el que el director de fotografía Ed Lachman recrea el cuadro Sol de la mañana. Es asombroso y muy curioso ver en tres dimensiones la figura de esa mujer sentada sobre una cama, que mira al exterior, iluminada por esa extraordinaria luz que el pintor lleva a sus cuadros. Lachman da cuenta así de la influencia de Hopper en el cine y de este medio en Hopper.

Entre aquella primera sala y esta última hay toda una sorprendente colección de cuadros. Desde los años de principios de siglo hasta los últimos: Dos Cómicos, pintado en 1965, algo más de un año antes de su muerte. Se dice que Hopper quiso reflejar la tradicional soledad de los payasos con la suya propia y la de otros artistas marginales. No falta ninguna de las obras más conocidas: La casa junto a la vía del tren –que inspiró a Hitchcock el escenario de la película Psicosis–; Habitación de hotel, Habitación en Nueva York, Oficina de noche, Mañana en una ciudad…

A Hopper le gustaba pintar arquitecturas y escenas de la vida diaria de la ciudad. Escenas íntimas en las que ubicaba a unos personajes  que no dialogaban entre sí. Estaban ausentes, ajenos, abstraídos en sí mismos, solos y aislados. Los envolvía en una luz muy especial -natural o eléctrica-, que se convertiría en una de las principales características de su pintura.

En un pequeño espacio se han colgado los grabados. Apenas llegan a la docena. Pero no hay que irse de la exposición sin antes contemplarlos detenidamente. Son una joya. 

Hopper estará abierta hasta el 16 de septiembre. MPR

  • Edward Hopper. Autorretrato.1925-1930. Whitney Museum of American Art. Nueva York

  • Edward Hopper. Casa junto a la vía del tren. 1925. Museo de Arte Moderno de Nueva York.

  • Edward Hopper. Esquina de Nueva York. 1913.  Colección privada. Cortesía de Fraenkel Gallery. San Francisco

  • Edward Hopper. Sol de mañana. 1952. Columbus Museum of Art. Ohio.

  • Edwrd Hopper.Habitación de Hotel. 1931. Museo Thyssen Bornemisza

Edward Hopper. Autorretrato.1925-1930. Whitney Museum of American Art. Nueva York